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22 noviembre 2009

Maquiavelo, el menos maquiavélico

Archivado en: Historia — pablozaffora @ 13:46
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Maquiavelo no era maquiavélico. Basta con eso. El pagó caro escribir “sin pelos en la pluma” acerca de la corrupción y maledicencia política. En su obra máxima, El Príncipe, desentraña el poder y la política tal como la veía en su Florencia en el siglo XVI. Eran tiempos del Renacimiento italiano, el país estaba dividido en repúblicas que guerreaban entre sí; Francia, España con sus ojos puestos en la península, debido a los ya flacos ejércitos. No eran tiempos fáciles para gobernar.

Las partes morales de su doctrina suelen quedar relegadas a un segundo plano. En sus textos escribe sobre la libertad, la teoría de los frenos, el poder del pueblo, la independencia nacional, la seguridad.  Pero lo anterior no es maquiavélico. “El fin justifica los medios” esto sí lo es, aunque esa frase no figura en ninguna de sus obras. El arsenal de “cualidades” como la deslealtad, el fingimiento o el engaño, que también figuran en El Príncipe, sobresalieron como la verdadera esencia de su teoría sobre el poder.

Por supuesto que era un cínico, escribe por ejemplo “Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto  y religioso, y asimismo serlo efectivamente: pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario”. En el contexto político de Florencia de la época, este consejo no es nada sorprendente. Sin embargo es poco comparado con lo que dos siglos más tarde diría Napoleón: “Triunfa siempre, aún por el peor medio y te darán siempre la razón”.  Por supuesto que eso es lo esperable de un conquistador, él llevaba al campo de batalla lo predicado. Por eso fue Napoleón.

La ciencia política fue un antes y un después de Maquiavelo. Se podría decir que es el creador de la teoría de la política moderna, pero su nombre está manchado.

Para ver más citas, donde quedan en evidencia los pensamientos que le dieron mala fama, haga click aquí.

31 octubre 2009

Leonardo Da Vinci, el cocinero

Archivado en: arte,diseño,Historia — pablozaffora @ 10:55
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Leonardo Da Vinci fue maestro de banquetes en la corte de Ludovico Sforza durante más de treinta años; trabajó como jefe de cocina de la taberna “Los Tres Caracoles” de Florencia y fundó un restaurante con su amigo Sandro Botticelli. El mismo Leonardo autor de “La última cena” y la “Gioconda” puso durante muchos años sus manos en la masa, literalmente. Esta etapa de su vida queda reflejada en el llamado codex romanoff, descubierto en 1981. El artista anotaba sus propias recetas, comentarios acerca de los modales en la mesa e innovadores  inventos con fines culinarios.

El libro “Notas de cocina de Leonardo Da Vinci” de la editorial “Temas de hoy” presenta el imperdible codex romanoff.

Recetas en base a puerco espín, anguilas y ranas harían de Leonardo en la actualidad un cocinero excéntrico, pero estos ingredientes formaban parte de los banquetes reales en la Italia central servidos por el gran genio del Renacimiento, muy diferentes de los habituales en el resto de las cortes.

Leonardo era todo un adelantado. El estaba enardecido contra las costumbres a la hora de la comida en la Europa del siglo XV. Lamentablemente para él, no habían muchas personas dispuestas a cambiar hábitos como de el comer con la mano y el cuchillo enormes trozos de carne con hueso servidos en fuentes en el centro de la mesa. Nuestro cocinero proponía sin éxito alguno el uso de una especie de pinche doble (precursor del actual tenedor) para servirse pequeños bocados de la porción dispuesta previamente por los cocineros en el plato de cada comensal. Tampoco logró imponer en la corte el uso de un paño cuadrado personal para la limpieza de la boca, en lugar del mantel como era habitual.

Entre los inventos culnarios se cuentan artefactos para sacar las ranas de los tanques de agua potable, una picadora de vacas ENTERAS, un asador automático, entre varios armatostes que más parecen armas de guerra, que los precursores de nuestros electrodomésticos.

Máquina cazaranas

Máquina cazaranas

asador automatico

Asador automático

Leonardo refleja en unas notas el desagrado que le causaban ciertas modales a la hora de la mesa, todos estos consejos, según él dice, están basados en sus observaciones de aquellos que frecuentaron la mesa de su señor.

La forma de escribir de Da Vinci brinda mucho más que recetas rebuscadas. Anotaciones tales como “Los huevos bendecidos por los sacerdotes saben igual que cualquier otro huevo” permiten conocer más acerca de la personalidad de este genio de la humanidad, vista desde una arista muy distinta a la habitual.

El gran artista, ingeniero, arquitecto, inventor, músico, sin duda el gran hombre del Renacimiento, cultivaba las artes culinarias pero muchas cosas que hacía, a destiempo. Como dijo Freud: ”Da Vinci es como alguien despierto cuando todos los demás aún duermen”.

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